El robo de cargas en América Latina dejó de ser un problema exclusivamente operativo para convertirse en un riesgo estructural del sistema logístico y asegurador.
En su reciente contribución publicada por IUMI (International Union of Marine Insurance – iumi.com), Samuel Markov, socio y director de ARM Services Argentina y Chile, analiza cómo el fenómeno está evolucionando hacia esquemas cada vez más sofisticados, donde el fraude, la suplantación de identidad y la manipulación de procesos reemplazan —o complementan— al robo tradicional.
El dato clave no es solo el crecimiento del delito, sino su transformación: el riesgo ya no está únicamente en la ruta, sino en la información, en los procesos y en la validación de los actores de la cadena. En este contexto, uno de los mayores desafíos para el mercado asegurador es la subestimación del riesgo real. Parte significativa de los eventos no se reporta o no se clasifica correctamente, lo que distorsiona la estadística, impacta en la tarificación y limita la efectividad de las estrategias de prevención.
Algunas reflexiones clave para el mercado
• El riesgo dejó de ser visible: ya no siempre hay violencia ni señales evidentes. El siniestro muchas veces comienza antes del traslado, en una validación fallida.
• La prevención tradicional es insuficiente: GPS, custodias o monitoreo satelital se complementan con procesos de verificación y control de identidad.
• La gobernanza del riesgo gana protagonismo: validación de transportistas y su cadena de tercerización, control documental, protocolos ante cambios operativos y capacitación se vuelven críticos.
• El impacto excede lo económico: además de pérdidas directas, el fenómeno genera disrupciones en la cadena de suministro, afecta la confianza y presiona las primas de seguros.
Más que un problema de seguridad, estamos frente a un desafío de gestión integral del riesgo. En ese sentido, el aporte de Samuel Markov en IUMI no solo pone en agenda la problemática regional, sino que también refuerza el alcance a escala global de estas tendencias y la necesidad de evolucionar desde modelos reactivos hacia esquemas de prevención basados en información, validación y control.
Porque en el nuevo escenario, la diferencia ya no está solo en reaccionar frente al siniestro, sino en evitar que el riesgo se materialice desde su origen.






