Los recientes acontecimientos en el Golfo Pérsico vuelven a poner en tensión uno de los corredores energéticos más sensibles del comercio global.
El buque Suezmax Sonangol Namibe reportó una explosión en el norte del Golfo Pérsico, en las proximidades de Kuwait e Irak, luego del acercamiento de una embarcación no identificada, incidente que provocó daños en el casco y una posible fuga de hidrocarburos. El hecho se suma a una serie de ataques recientes contra buques comerciales en la región, reavivando preocupaciones sobre la seguridad del tránsito marítimo en rutas clave para el transporte de crudo.
Cuando episodios de este tipo se multiplican, dejan de ser eventos aislados y comienzan a tener impacto directo en varios niveles del mercado.
En primer lugar, aparece la complejidad en la determinación de la causa del siniestro. No se trata simplemente de un caso de casco y maquinaria (H&M). La posible presencia de actos hostiles en zonas de tensión obliga a analizar con precisión la causa próxima del evento para determinar si corresponde a coberturas tradicionales o a pólizas específicas de War Risks.
A esto se suma el potencial impacto en los P&I Clubs, especialmente ante la posibilidad de contaminación marina. Los reclamos por responsabilidad ambiental pueden alcanzar magnitudes significativas en un contexto donde la capacidad de reaseguro para estos riesgos ya muestra señales de presión.
Como suele ocurrir en estos escenarios, cada incidente también repercute rápidamente en el costo del seguro. Los mercados comienzan a revisar los Additional War Risk Premiums (AWRP) para los tránsitos por la zona, ampliando áreas consideradas de alto riesgo y encareciendo las coberturas para petroleros y portacontenedores.
Sin embargo, el elemento que transforma este tipo de situaciones en un fenómeno de mercado es la dimensión política.
El presidente Donald Trump anunció que la U.S. International Development Finance Corporation ofrecerá seguros y garantías contra riesgos políticos para respaldar el comercio marítimo, mientras que la United States Navy podría comenzar a escoltar buques cisterna a través del Estrecho de Ormuz.
Cuando los Estados comienzan a intervenir tanto en la seguridad física de las rutas como en la cobertura financiera del riesgo, el mercado suele interpretar que el problema ha dejado de ser meramente operativo para convertirse en estratégico.
Este escenario tiene un antecedente claro. Durante la Tanker War (1984–1988), más de 400 buques mercantes fueron atacados en el Golfo Pérsico. El impacto en el mercado asegurador fue inmediato: las primas de War Risk se dispararon, los armadores comenzaron a cambiar banderas, reorganizar rutas y negociar coberturas especiales con el mercado de Lloyd’s of London, mientras Estados Unidos lanzaba la Operation Earnest Will para escoltar petroleros a través de la región.
Aquel período dejó una enseñanza relevante para el ecosistema marítimo y asegurador: cuando el riesgo geopolítico se instala de manera sostenida, pasa a formar parte estructural del costo del transporte energético.
Los incidentes recientes y la intervención financiera de los gobiernos vuelven a plantear una pregunta que el sector ya enfrentó en el pasado:
¿estamos frente a un episodio aislado o al inicio de una nueva etapa de tensión en las rutas energéticas globales?
Porque cuando los Estados comienzan a escoltar buques y respaldar coberturas, el riesgo deja de ser únicamente asegurador y pasa a convertirse en un factor estratégico para todo el comercio internacional.






